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Nueva Zelanda
El país que encontró la Comarca
Una geografía imaginada encontró una geografía real. En el Día Internacional del Hobbit, Zealanding reflexiona sobre cómo la Tierra Media terminó tomando la forma de Nueva Zelanda.
Equipo Editorial de Zealanding

El paisaje ondulado de Matamata, en Waikato, donde la ficción y el paisaje terminarían encontrándose. Foto: JinHui CHEN / Unsplash.
Cada 22 de septiembre, los lectores de J. R. R. Tolkien celebran el cumpleaños de dos personajes que nunca existieron y que, sin embargo, de algún modo llegaron a tener biografías, hogares y recuerdos propios. Bilbo y Frodo Bolsón nacieron ambos en esta fecha según el calendario imaginado por Tolkien.
Hoy es el Día Internacional del Hobbit.
Hay algo especialmente curioso en celebrarlo en Nueva Zelanda.
Tolkien no necesitó este país para imaginar la Tierra Media. Sus colinas, bosques, lenguas y caminos existían mucho antes de que una cámara llegara hasta aquí. Su mundo nació de la literatura, la mitología, el lenguaje y de paisajes profundamente vinculados a Europa, especialmente a Inglaterra.
Nueva Zelanda llegó después.
Y, sin embargo, algo ocurrió cuando los libros se convirtieron en películas. Una geografía imaginada encontró una geografía real.
En 1998, mientras buscaba un lugar que pudiera convertirse en la Comarca, el equipo de localizaciones de Peter Jackson divisó desde el aire una granja cerca de Matamata. Había suaves colinas verdes, un lago, un viejo pino y casi ninguna señal visible de vida moderna.
No era la Comarca, por supuesto. La Comarca solo existía en las palabras.
Pero parecía como si pudiera recordarla.
Más de dos décadas después, la frontera entre ambos lugares ya no resulta tan fácil de trazar. Para millones de personas, la Tierra Media tiene hoy la forma de Nueva Zelanda. Montañas, ríos, valles, granjas y bosques pasaron a formar parte de una geografía que antes cada lector debía construir en privado, dentro de su propia imaginación.

El camino hacia Paradise, cerca de Glenorchy. Los paisajes del sur de Nueva Zelanda se convirtieron también en parte de la geografía que millones de espectadores reconocerían como la Tierra Media. Foto: Andreas Sjövall / Unsplash.
Quizás ese sea uno de los poderes más extraños de la literatura.
Un escritor imagina un lugar. Un lector lo reconstruye. Años después, alguien encuentra un paisaje real que, de alguna manera, se parece a ambos.
Hoy, en Hobbiton, en Waikato, personas de distintas partes del mundo celebran los cumpleaños de Bilbo y Frodo. Hay comida, música, disfraces y el resplandor de pequeñas ventanas redondas cuando cae la noche. Sería fácil ver todo esto simplemente como parte de la enorme industria turística que dejaron las películas.
Pero existe otra manera de mirarlo.
A miles de kilómetros de los lugares que alimentaron por primera vez la imaginación de Tolkien, una granja de Nueva Zelanda se convirtió en un punto de encuentro entre la ficción y el mundo físico.
Eso también dice algo sobre las historias.
Las historias rara vez permanecen en el lugar donde fueron escritas.
Viajan entre lenguas y generaciones. Cruzan océanos. Son traducidas, adaptadas, malinterpretadas y redescubiertas. A veces incluso terminan aferrándose a paisajes que sus autores nunca imaginaron.

Deer Park Heights, sobre Queenstown, uno de los paisajes del sur utilizados durante el rodaje de El Señor de los Anillos. Foto: Junyu Wei / Unsplash.
Y cuando eso ocurre, el paisaje también cambia.
Una colina sigue siendo una colina. Un sendero sigue siendo un sendero. Una montaña sigue siendo piedra y nieve. Pero una vez que una historia ha pasado por ellos, ya no necesariamente volvemos a mirarlos de la misma manera.
Quizás por eso la relación entre Tolkien y Nueva Zelanda ha sobrevivido mucho más allá de las películas.
No se trata simplemente de que Nueva Zelanda haya podido parecerse a la Tierra Media.
Se trata de que la Tierra Media les dio a millones de personas otra manera de mirar Nueva Zelanda.

Glenorchy, en el extremo norte del Lake Wakatipu. Aquí, el paisaje y las historias se han vuelto difíciles de separar en la imaginación de millones de personas. Foto: Tonia Kraakman / Unsplash.
Hoy, en el cumpleaños de dos hobbits imaginarios, en algún lugar cerca de Matamata, una pequeña puerta redonda brillará sobre una colina verde.
La puerta no lleva a ninguna parte.
Y, de algún modo, ha llevado muy lejos a millones de personas.
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El Equipo Editorial de Zealanding escribe y selecciona historias sobre la cultura, la sociedad, la gastronomía, los viajes y la vida cotidiana en Nueva Zelanda. Nuestro trabajo explora las personas, los lugares y las ideas que están dando forma a Aotearoa hoy, desde una mirada independiente y curiosa.
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